cuando me permití ser reina de las víboras

A muy temprana edad quise saber qué significaba mi nombre, tras la típica crisis de identidad que vivimos a los 3 (años). Mi mamá me informó: Eglé significa reina de las víboras. Desde ese momento ir al herpetario a dominar serpientes se convirtió en una de mis actividades favoritas. Me paraba frente a los terrarios, veía fijamente a mis súbditas y daba órdenes a diestra y siniestra: muévete, toma agua, quédate quieta (generalmente respondían mejor a la última orden). Me sentía poderosa, mística y poseedora de esa sabiduría milenaria que mantienen en secreto los encantadores de serpientes.

Luego llegó la pubertad prematura. Cumplí 10 y me invitaron a ser parte de un programa de radio dedicado a los Beatles. En pleno clímax del programa, el locutor me preguntó qué significaba mi nombre. Sabiendo que había un mundo afuera escuchándome, mi voz tembló y luego se quebró. Reeeeina de las víboras, dije a voz cortada. Decidí que esa sería mi primera y última participación en el programa.

En ese momento sentí el rigor de la víbora bíblica (sin albur) caer sobre mí. Reina del pecado, la oscuridad… reina del mal, herejeeee. El estigma en mi nombre era una carga que no estaba dispuesta a asumir, así que comencé la investigación pertinente y tuve suerte.

Encontré que el verdadero significado de Eglé, según la mitología griega, es brillo del sol. Por si fuera poco, el tomo 17 de la enciclopedia británica me informó que Eglé también fue una de las ninfas hespérides y una de las tres gracias. Desde ese momento porté mi nombre con orgullo. Mis amigos comenzaron a apodarme sunshine, rayito de sol, solecito… ¡qué más se le puede pedir a la vida!

Por muchos años dejé en el olvido esa lucha starwarsiana entre mi luz y mi oscuridad, hasta hace un par de meses cuando alguien me dijo que sentía que mi sombra era muy oscura.

Mi primera reacción fue ofenderme: cómo, ¿te refieres a la sombra de rayito de sol?… tú no sabes lo que dices chico (léase con acento cubano alterado). Luego sentí vergüenza y culpa por haber mostrado mi lado oscuro. Finalmente, observé la religiosa obsesión que tengo por ser Heidi de la pradera… por adoptar ese fanatismo luminoso efervescente en nuestra sociedad.

Después del bombardeo constante sobre la importancia de brillar e irradiar luz, paz y armonía, uno termina autoflagelándose al sentir que no es lo suficientemente luminosa (suficiente… ¿para qué?). Esa lucha interna por contener la tristeza, la rabia, las ganas de mandar a ver si ya puso la marrana sin boleto de regreso… sólo porque no es políticamente correcto. Esa autocensura, ese juicio pretencioso sobre la oscuridad y la luz me parece lejano a la capacidad de mantener una actitud positiva y propositiva ante la vida.

[Paréntesis Fundamental: no estoy sugiriendo que el mundo tenga que soplarse nuestro mal humor, frustración y ataques neuróticos. Simplemente que estamos en todo nuestro derecho de tenerlos, de emprender la retirada, de decirle a nuestra banda: hoy no circulo. Es una apuesta a ser genuinos y meternos a nuestra caverna de las cavilaciones a aguantar vara con serenidad y paciencia como Kalimán].

En mi realidad dual luché contra mi sombra. Luego le comencé a agarrar cariño, la invité al cine, hasta la presenté a mis amigos y, como no fue muy popular, la mandé al Oxxo por cigarros. Ahora que tengo más horas de sueño y me siento tranquila, la asumo como una parte importante en mí, como aliada y maestra. En esta aceptación siento que me permito crecer y explorar mi verdadero potencial. Soy luz y sombra difusas en una sola entidad que poco a poco va entendiendo que cada emoción, situación, relación es impermanente y que esos cambios son la vida misma… ni más, ni menos.

Ahora, cuando me preguntan qué significa mi nombre, lo cual ocurre en promedio 3 veces por semana (31 años de estadísticas me respaldan), dependiendo de mi estado de ánimo: soy rayito de sol o reina de las víboras o reina de las víboras en el cenit luminoso. Todo esto para decir que me permito ser reina de las víboras… siendo consciente de que no soy nada y, por ende, puedo serlo todo.

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6 comments

  1. Mi querida rulitos de sol (yo creo q me reserve de preguntarte alguna vez q significaba tu nombre) si anduviste leyendo Luna Roja sabras q figura de la serpiente es una de las tantas representativas de la femeneidad y de toooodas las q hay se llevo la parte mas negativa es decir la mas oscura. A mi la verdad me ayudo a empezar a verla hasta con cariño y porque no reconciliarme con esa naturaleza reptiliana. Todos tenemos lado A y B, la sombra no es el enemigo, no es el cuco, pero a lo largo de nuestra vida nos volvemos expertos en evadirla hasta q en algunas circunstancias de la vida entra tanta luz q ella se refleja. Porq no existe sombra sin luz

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    1. Así es hermosa!!! Luna Roja es un libro que me ha marcado y ayudado mucho en el proceso de conectar con mi propia naturaleza cíclica. Y sí, me gusta ser A+B, juntitos 🙂 Un apapacho hasta el Caribe!

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    1. Epaa! Buena lectura, yo ando leyendo a una de las discípulas de Jung hablando sobre las dos naturalezas femeninas!! 🙂 Por cierto, tu regalo de Joseph Campbell es de mis libros más preciados!! Abrazos

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