Recuento de mis mujeres

 

Sábado en cama hojeando un libro de Lihn mientras disfruto del exquisito virus chileno, cortesía de palabras tragadas, que hospedo en mi cuerpo. Me topo con el poema cuestión de creencias… el que busca encuentra.

¿En quién pensó Lihn al escribir este poema? Conforme paso de una frase a otra, escucho cómo mi voz se calma; poco a poco noto que me estoy contando un cuento. Un cuento mío que desconocía que Lihn conocía.

Me hablo como una abuela que está por dar un consejo a su nieta, como un asesino a punto de revelar su crimen. Así, la mitómana agripeda (sí, así con e por efecto de los remedios naturales), esa que siente la muerte cerca, le cuenta a la mitómana en gestación un recuento de las mujeres que está siendo.

Hoy te hablo a ti, a la nonata excluida de estas historias por no (na)ser aún. A ti te digo:

Soy tantas mujeres como he podido. Me he sentado a observar lo femenino: socialmente percibido, malamente interpretado, corporalmente intuido, vagamente explorado… lo femenino en el sentido amplio y, por tanto, equívoco. He compartido con la mujer cosificada, con la masculinizada, con la reducida, con la abandonada por otros y por ella misma. He estado siendo la mujer en búsqueda, la abundante, la receptora; también la mujer atrapada, la olvidada y la liberada… liberada por sí misma de sí misma y en sí misma.

En un principio no quise que supieras lo que he sido, ni que conocieras a esas mujeres que en mí hablan o aquélla que mal habla y hoy te escribe. Luego pensé que la mejor forma de quedarme sola contigo era contarte despreocupadamente mis peores historias; algunas me hacen gracia y todas me hacen. Como dice Lihn, no lo hago como entretenimiento, ni con el afán de que te alarmes al saber qué tipo de mujer estás por habitar. Lo hago para que las mujeres que he sido – que estoy siendo – encuentren su lugar; desde que olvidaron el juicio ya nadie las persigue. Al reconocer su legado esas mujeres se habitan tranquilas y no atormentan mis recuerdos, que pronto serán los tuyos.

Nuestras mujeres, como sujeto de amor y su objeto, se perdieron en el laberinto buscando un espejo. Algunas lo encontraron para conocer la verdad del amor, otras lo penetraron para fusionarse con su reflejo. Todas sobrevivieron, pues se entregaron a la muerte. Honramos su experiencia porque ésta ha hilvanado el hilo rojo que, como a Teseo, nos permite entrar y salir del laberinto cuantas veces queramos.

Por eso, aunque parezca difícil de entender, te aseguro que moriré(mos) las veces que sea necesario vivir. Así las nonatas que albergan en mí contarán nuevas historias, cada una revelará nuevos mitos… mitos imposibles de imaginar ahora.

Te invito a tejerme, a que te teja. Para que no olvides a estas mujeres, para que no nos creas. No creas lo que hemos sido, crea lo que podemos (ha)ser juntas.

Texto inspirado en Cuestión de Creencias de Enrique Lihn

No le creas en nada a los que hablan mal de mí
Y si soy yo uno de ellos, no me creas
Filis, distingue el amor a la verdad
De la verdad del amor por el que el uno y la otra
no están unidos, como aquí, por palabras
ni por historias de más o de menos.

Por nonata primero y luego ausente
Eres de esas historias la excluida
Y maldita la gracia que muchas de ellas me hacen
No te las cuento para entretenerte
Pero tampoco para que te preocupen
Despreocupadamente te las cuento
Porque nos dejen solos mis recuerdos
Y la que cuenta es la más triste de todas:
Como sujeto de amor y su objeto
En este entonces me entretuve con Tánatos
Desbaratando el tejido de Ariadna
El hilo rojo de mi propia vida
Que la devanadera de las parcas
Recuperaba de los puntos idos
Del tapiz imposible de acabar
Innecesariamente laberíntico

Nadie puede anidar en una fosa
Y en ese nido de sepulturero
Me abandonó, mientras dormía, Febo
Como el lector a las historias ciegas
Como el tapiz a los dibujos muertos
Como Teseo a Ariadna en una isla
Así dejé que hablaran mal de mí
Y que al llegar tú pudieras, no sin razón, oírlos
Y escucharlos, en eso, yo mismo me equivoco
Porque no estabas ni eras

Ven ahora a tejerme a que te teja
Lúcidamente ciegos como dos de esos pájaros
Que vuelan por parejas, con un ala
Pugnaces como topos, ciegamente
Y no creas de mí lo que se dice
Piensa en lo que podamos hacer juntos.

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